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Frecuencia crítica

Para críticas serias ya está Rockdelux ¬¬ Enciende tu reproductor y deja estar la televisión. Bastante más gratificante y menos estupidizante ;)

Moog: la aventura del sonido

8, 23 de 2005-08-23 de 2005
¿Hay alguien en este planeta al que deban rendir pleitesía al mismo tiempo bakalas, fibers y seguidores de Emerson, Lake & Palmer? ¿creen que ello es posible? La respuesta es sí...piensen, piensen... (bakalas absténganse de hacerlo, o les reventará la neurona)...la solución del enigma responde a un nombre extraño, pero conocido para los lectores de esta página: Robert A. Moog, el legendario inventor de los sintetizadores que llevan su nombre.

Por desgracia, el sr. Moog está de actualidad porque hoy mismo nos ha llegado la triste noticia de su fallecimiento, a la edad de 71 años, víctima de un tumor cerebral. Desde Frecuencia Crítica queremos dedicarle unas breves líneas como nuestro pequeño homenaje al hombre que posibilitó que nuestros cerebros volaran a lugares hasta entonces desconocidos; hagamos, por tanto, un poco de historia.

Robert Moog era un joven estudiante de física en la Universidad de Columbia que a finales de los 50´ -principios de los 60´ se dedicaba a hacer lo mismo que todos los estudiantes del mundo (es decir, ir detrás de las chicas) pero con un hobby un tanto peculiar: construir sintetizadores Theremin, unos cacharros fascinantes que funcionaban sin necesidad de ser tocados, moviendo las manos entre dos antenas de metal de tal forma que según el movimiento el sonido es diferente, casi mágico...pero la tendremos la oportunidad de hablar en otra ocasión del funcionamiento y el sonido de este prodigioso invento.

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Moog manipulando su trasto


Moog comercializaba los Theremin que construía de una forma divertida; vendía las piezas a 49,95 dólares, incluyendo un manual de montaje (si yo tuviese que ensamblar uno de esos bichos me temo que terminaría sonando como el disco de Mbenge Mota), y lo curioso es que el negocio le iba bien. Pero el genio tenía otras ideas; por aquel entonces, lo más revolucionario en sonido era otro invento surrealista llamado MK2, un modelo experimental de sintetizador cuyo funcionamiento mejor no describir. Con sólo ver la foto adjunta se pueden hacer una idea de las dimensiones y la complejidad del bicho (ocupaba toda una habitación y medía cinco metros de ancho por dos de alto), cuyo coste de fabricación fue de unos 100.000 dólares. Evidentemente, aun faltaba mucho para que el impresentable de King Africa le diese a un botón y sonase su “Paquito el Chocolatero” , y no creo que el cacharro ese fuese demasiado manejable, además de que el precio no es que estuviese precisamente de oferta.

mk2 rca.gif
El Mk2...para colocarlo de adorno en el vestíbulo.

Nuestro hombre pensó que él podía hacer un chisme mucho mejor, con mayores posibilidades de aplicación; así, en 1965 presentó en sociedad a su “pequeño”...el Moog, un enorme armario que conectaba los distintos circuitos que generaban y filtraban el sonido mediante cables intercambiables, en plan centralita telefónica, para crear sonidos diferentes. Su coste, sensiblemente inferior al del MK2...11.000 dólares de nada. Una miseria. Aun así, los snobs de la época (que también los había, a pesar de que no había nacido la gran revista de referencia para ellos, la inigualable Snob´s world) se interesaron por experimentar con el nuevo invento, y así nacieron lo que podrían llamarse primeros discos de pop electrónico de la historia: “The In Sound From Way Out” y “Kaleidoscopic Vibrations: Spotlight On The Moog”, cuyos responsables eran un tal Jean Jacques Perrey y un tal Gershon Kingsley respectivamente. Se trataban de versiones de cancioncillas populares con el sonido del Moog, más como curiosidad que como otra cosa (como ustedes comprenderán, no los he oído en mi vida. Según el test de Snob´s World, sigo en la categoría de snob frustrado de por vida).

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El Moog modular, el padre de la familia

La gran revolución llegaría con la interpretación que un estudiante de Princeton llamado Walter Carlos hizo de la obra de Joan Sebastián Bach utilizando el Moog, publicada en 1968 en su disco “Switched on Bach”, y que llegaría a ser un considerable éxito de ventas para la época. Walter Carlos tuvo que dejarse las neuronas para conseguir que aquella cosa sonase como una orquesta (se trataba de un sintetizador monofónico), pero el esfuerzo mereció la pena; en este caso sí puedo decir que he escuchado el disco, y que al menos pasará a la posteridad como un documento sonoro de indudable valor. Como dato curioso, y aunque tiene más que ver con “Aquí hay tomate” que con el legendario Moog, comentaremos que si alguien de ustedes intenta ponerse en contacto con Walter Carlos lo tiene difícil, porque Walter ahora es ...Wendy.

wendy carlos.jpg
Wendy Carlos, antes Walter

A partir del trabajo de Walter-Wendy, todo el mundo deseaba tener un Moog al lado de la chimenea; Beatles, Mick Jagger, etc sucumbieron a los encantos del nuevo sonido, si bien Mick Jagger decidió volver a la senda de “You can´t always get what you want” y vendió su chisme a Tangerine Dream, que a su vez convencieron a Kraftwerk para hacerse con otro de esos cacharros. El problema del Moog, por otra parte, era fácil de intuir; era demasiado grande y pesado como para llevárselo de gira, además de que tampoco es que lo regalaran al comprar un kilo de detergente. Robert Moog era consciente de ello, así que empleó su supina inteligencia en reducir el tamaño del bicho...como resultado, en 1970 tuvo lugar la presentación en sociedad del Minimoog: el primer sintetizador portátil, el chisme definitivo.

El Minimoog tenía la enorme ventaja de que era fácilmente transportable, con lo cual todos los grupos de la época que deseaban experimentar algo más que con el LSD querían tener uno. Se fabricaron concretamente 12.242 originales, que hicieron las delicias de sus afortunados propietarios, y su sonido cálido y vibrante se puede encontrar en buena parte de los discos grabados en el período 70-75. El período de gloria del gran Robert A. Moog.

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El Minimoog, la joya de la corona

Pero no todo iba a ser tan fácil; otras compañías (Roland, Arp, etc), basándose en los diseños de Moog, crearon una nueva gama de sintetizadores con prestaciones más o menos similares y a un menor precio; Moog diseñó entonces su último cacharro, el Micromoog, el más barato y pequeño de todos, pero ya era tarde: agobiado por las deudas, perdió el control de su propia empresa en 1977, dejando de fabricar sus singulares inventos. No obstante, y gracias al revival sonoro que ha tenido lugar en los últimos años, en 1998 los actuales propietarios de los derechos comenzaron de nuevo la producción del Minimoog, si bien los nuevos trastos pueden carecer del glamour de los originales. Las últimas décadas han visto el nacimiento de todo tipo de trastos, a cual más sofisticado, capaces de generar infinitos sonidos...no obstante, siempre perdurará en la memoria el sonido y el encanto de las creaciones de Moog.

Robert Moog dedicó el resto de su vida a vender theremins y dar conferencias acá y allá; concretamente, en el año 2004 ofreció su última conferencia en España en Barcelona, en el seno de las actividades propias del Sónar. Si existe algún afortunado en la sala que viviera ese momento, le rogamos comparta con nosotros sus vivencias.

Descanse en paz, Sr. Moog. Seguro que Dios está ahora mismo probando ruidos.


Comentarios

  1. Injusto que nadie haya comentado nada sobre la muerte de éste señor, más cuando es uno de los mayores artífices de la música electrónica que tanto se lleva actualmente. De EL&P no soy precisamente un fan por plastas y pesados, pero sí de otros grupos de los que se vino en llamar "rock sinfónico" y de otros que le han dado posteriormente a la electrónica.

    En paz descanse el pater familiae de todas las máquinas sonoras.

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