Sarandonga
1, 08 de 2005-09-08 de 2005

Queridos lectores, inauguramos nueva sección en Frecuencia Crítica dedicada a analizar pormenorizadamente grandes momentos de la literatura universal contenidos en letras de canciones por todos conocidas. Pretendemos con estas sencillas explicaciones promulgar la cultura en todos los hogares, cultivar el intelecto a través de la lectura y la compresión lingüística; comprendemos que no sea para ustedes tarea fácil, porque resulta complicado en ocasiones inmiscuirse en la profundidad de los textos, en su concepción semántica...pero con la ayuda de los más prestigiosos catedráticos de la lengua hispana intentaremos hacer de este pequeño espacio un reducto cultural del máximo nivel.
Como primera muestra hemos escogido la inigualable “Sarandonga” de Compay Segundo interpretada por la sin par Lolita. Hemos contado para la gran ocasión con las impresiones del gran profesor Francisco Jones, eminente lingüista, parapsicólogo y fontanero de la Universidad de Leverkusen. Que disfruten:
“Sarandonga, nos vamo' a comer,
Sarandonga, un arroz con bacalao,
Sarandonga, en lo alto del puerto,
Sarandonga, que mañana es domingo”
La primera estrofa de la canción ya marca la pauta del devenir de lo que es uno de los más gloriosos momentos de la literatura castellana; el vocablo Sarandonga repetido en una cacofonía perfecta nos remite a nuestros ancestros, a la base de la cultura del medievo en un akelarre cósmico de profundidad emocional indescriptible. La frases que la acompañan son una sinfonía de pequeños placeres, de instantes mágicos: con ese “nos vamo´a comer” se alcanza un sublime clímax que perdura durante todo el texto, arropado con ese monumento a la inteligencia humana que es “un arroz con bacalao”. Lo que no nos queda demasiado claro es el porqué tan delicioso manjar ha de degustarse “en lo alto de un puerto”, y menos aun, que tiene que ver el hecho de que mañana sea domingo para comer arroz con bacalao. No obstante, eso no es óbice para que los primeros versos resulten conmovedores.
“Sarandonga, cu chibiri cu chibiri,
Sarandonga, cu chibiri cu chibiri,
Sarandonga, cu chibiri cu chibiri,
Sarandonga, y oyeme cantar” .
Hasta una eminencia en el campo de la literatura como yo se queda sin palabras... ¿qué podemos decir ante semejante despliegue de talento? El estribillo de la canción es sencillamente sublime, con un “cu chibiri cu chibiri” del que ignoramos completamente su significado pero que figura con letras de oro en las grandes obras de la Humanidad. Arte puro en toda su esencia, emoción infinita, placer eterno.
El esquema hasta ahora analizado se repite en varias ocasiones, redundando en una mayor fuerza emocional que cautiva nuestros sentidos.
“Cuando yo tenía dinero,
me llamaban Don Tomás.
Cuando yo tenía dinero,
me llamaban Don Tomás.
Como ahora ya no lo tengo, ay!
me llaman Tomás na' más.”
La sabiduría popular elevada a la categoría de arte. El autor conmueve nuestro interior con una sentida declaración acerca de su drama vital, haciéndonos participes de su preocupación por el apeo de su tratamiento en la altas esferas sociales en la que se mueve. El trauma se acrecienta al observar implícitamente su honda preocupación porque mañana es domingo, y posiblemente tendrá que subir al puerto a comer el arroz con bacalao sin posibilidades monetarias; la desazón en el protagonista es indescriptible, abrumado ante la posibilidad de que le llamen “Tomás ná mas, el gorrón”
“Yo no como más judías,
porque me sientan muy mal.
Yo no como más judías,
porque me sientan muy mal.
Y luego dice la gente, ¡prima!
come boberías”
De nuevo la emoción, de nuevo la sutil expresión de la creatividad humana; en estos breves versos se manifiesta de forma contenida todo el bagaje cultural de un pueblo transmitido de generación en generación, cultivado y cuidado hasta el más mínimo detalle. Don Tomás se encuentra verdaderamente en una diatriba moral ante el hecho de que posiblemente sus conciudadanos no le dejen probar el arroz con bacalao, ante su probada incapacidad pecuniaria. Desde lo más intimo de su ser surge un grito exasperante, un reclamo de atención ante la falta de solidaridad de sus congéneres: “yo no como más judías porque me sientan muy mal”. Impasibles ante su desesperación, el resto de los comensales hacen caso omiso de sus súplicas y no dejan probar a Don Tomás ni un mísero grano de arroz. Absolutamente desgarrador.
“Los gitanos y los payos,
en Gracia se dan la mano,
con alegría y buen cante,
los queremos como hermanos.
Unos nos cuidan de frente,
y otros nos tiran de lado,
pero la rumba es la madre, ¡yaya!
todos les cantamos”.
Admirable como en tan breves frases puede contenerse toda una elegía a la integración social, a la comunión mística entre las razas. Después de que los comensales hayan ingerido todo tipo de excelencias gastronómicas, llega el momento del baile, la jarana, la juerga, el descontrol...amor fraternal y comprensión interracial se dan la mano en una fiesta sin límites. Implícitamente, se aprecia una fuerte carga sexual reflejada en el abandono de los asistentes al desenfreno y la lujuria: “Unos nos cuidan de frente,
y otros nos tiran de lado”, para finalizar con una exclamación de agradecimiento a “yaya” . Ignoramos si “yaya” hace referencia a una persona física (posiblemente, la abuela que se ha pasado horas cocinando para que los demás disfruten), o bien se trata del sonido gutural que exhala el ser íntimo de Don Tomás en el momento del orgasmo, con judías y todo.
En suma, “Sarandonga” representa con total clarividencia el abandono del hombre al hedonismo, la búsqueda continuada del placer como motor de la vida, sin dejar de lado una honda preocupación por la igualdad social y el intercambio cultural. Al fin y al cabo, mañana es domingo.
Profesor D. Francisco Jones.
Universidad de Leverkusen.