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Frecuencia crítica

Para críticas serias ya está Rockdelux ¬¬ Enciende tu reproductor y deja estar la televisión. Bastante más gratificante y menos estupidizante ;)

Lapido en concierto

11, 18 de 2006-02-18 de 2006
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Quizá debería empezar esta crónica del concierto que José Ignacio Lapido nos ofreció anoche en la sala Vivero de Málaga con los calificativos de rigor: maravilloso, sensacional, mágico, etc, etc..pero mejor no; resultaría una retahíla de tópicos típicos, y no me apetece demasiado. Simplemente, el Maestro está en estado de gracia, y cualquier intento por mi parte de describir la química que surge cada vez que Lapido sube a un escenario está condenado al mayor de los fracasos...así que esta crónica se limita a realizar un breve esbozo de lo allí vivido, desde el punto de vista (claramente subjetivo) del que suscribe estas líneas. Y dicho esto, comencemos por el principio (una forma como cualquier otra de comenzar)

La sala Vivero está situada en las afueras de la ciudad, en un polígono industrial; los responsables de la sala desconocen el significado de las palabras luminoso, rótulo, anagrama o letrero, por lo que al llegar al lugar estaba más despistado que la defensa del Málaga; mi suerte fue que una melodía que resultaba familiar sonaba en el interior del garito: la banda al completo ensayaba antes del concierto, y los acordes de “No queda nadie en la ciudad” amenizaban mi espera. Pude entrever cuando se abría la puerta el careto de José Ignacio, que señalaba su reloj con gestos de “!hey, que se nos hace tarde!...desde el exterior se apreciaba claramente el sonido, por lo que durante un momento temí por mis pobres tímpanos, aunque después no resultó ni mucho menos tan grave (sigo teniendo dos orejas). Mientras la impaciencia se apoderaba de mi, un repartidor de Telepizza se acercaba con cara de despistado...el pobre no tiene ni idea de dónde está, y me suelta...”oiga, ¿usted es de aquí?”, a lo que le digo que mejor llame a la puerta. Casualidad o no, cuando el chico del Telepizza se fue, se acabó el ensayo, lo que me induce a pensar que cuando Lapido señalaba su reloj no se refería a la hora del comienzo de Salsa Rosa....¿se imaginan que, dada mi maldad intrínseca, me hubiera quedado con las pizzas? pizzas de lapido, lo que todo fan que se precie desea. Espero que no llevasen anchoas.

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Una vez dentro, la sala resultó ser una especie de nave industrial reciclada a espacio rockero; claro que aquí no han llegado todavía los de Heineken, ni diseñadores raros que hacen cosas absurdas, con lo que el lugar está bien acondicionado para escuchar rock´n´roll y no ver anuncios verdes con música de fondo. Dos barras para aprovisionar convenientemente al personal de líquidos elementos, y escenario de club apropiado para una mayor comunicación entre el publico y la banda. La parte superior del local está ocupada por una especie de anfiteatro o zona Vip para miembros de la trouppe Lapido, del cual los músicos podían bajar directamente al escenario por unas escaleras atravesando toda la sala...a eso de las 11 de la noche, y con el retraso de turno (la luna siempre sale tarde) , los miembros del grupo, con Lapido a la cola, descienden por las susodichas escaleras dispuestos a regalarnos una noche inolvidable.

Lapido no necesita de cartas en la manga, ya que siempre lleva repoker de ases; posee un repertorio de canciones excepcional, un banda perfectamente sincronizada que disfruta con lo que hace y un público fiel que le adora y le aclama como lo que es; es bien sabido que José Ignacio gusta de la mesura, y que su actitud en escena es comedida, de pocas palabras y escasez de gestos cara a la galería...no obstante, parece mucho más suelto y desenfadado, disfrutando enormemente del placer de cantar esas letras que sólo el puede escribir, y aporreando su Gibson con la furia y el buen gusto que le caracteriza. A un servidor no se le ocurrió otra cosa que colocarse en primera fila, justo delante de su micrófono, y pude observar con sumo agrado la pasión que el Maestro le pone a cada nota. Lapido no es Angus Young (ni falta que hace), pero sus poses, sus jugueteos con la banda y hasta sus...!sonrisas! ¡sí, señoras y señores, Lapido sonríe! nos muestran a un músico que disfruta como quizás nunca lo había hecho en su etapa en solitario. El resto del grupo no le va a la zaga, especialmente Víctor; el guitarrista es un auténtico animal escénico, transmitiendo al público toda su energía y buen hacer. Se nota que Lapido está especialmente a gusto con Víctor a su lado, por lo que esperemos gozar de su presencia durante muchos años.

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Un momento de complicidad.

Mi memoria empieza a jugarme malas pasadas, y no sabría decir el orden exacto de los temas que el grupo interpretó durante las dos horas del concierto. Evidentemente, sonaron la mayoría de temas del glorioso “En otro tiempo, en otro lugar”, alguno de los cuales incluso gana en directo, junto a un excelente repaso de sus trabajos anteriores; “La antesala del dolor” , “De espaldas a la realidad”, “Más difícil todavía” (en la que el público gritaba el ya famoso “agua”) o un descomunal “Escrito en la ley” se alternaron con trallazos de “Música Celestial” como “Noticias del infierno” o “Nadie besa al perdedor”, o canciones atemporales como “Cuando vuelvan las palabras del exilio”, “Alguien vendrá” o “Luz de ciudades en llamas”. De todas formas, creo que bien podían haber interpretado estas u otras canciones totalmente diferentes, que el resultado hubiera sido exactamente el mismo; tal es el nivel musical alcanzado por Lapido y su gente, que podríamos haber disfrutado del concierto durante cuatro o cinco siglos más sin desfallecer lo más mínimo.

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Esas patillas…estuvo genial, por cierto.

En el apartado de anécdotas, junto a los comentarios habituales en estos casos tales como un histórico “Buenas noches” o “Encantados de estar en Málaga”, resulto curioso el comentario con el que José Ignacio introdujo “Por sus heridas”....algo así como ”este tema está dedicado al Club Deportivo Málaga, que últimamente no va muy bien...aunque del Granada mejor no hablamos tampoco”...le grité que mejor no siguiera por ese camino de perdedores habituales, a lo que me respondió con una sonrisa (lástima no tener la cámara preparada para inmortalizar el momento; hubiera vendido la histórica foto en el rastro). Otro momento glorioso se produjo cuando Lapido dedicó unos instantes a afinar su querida Gibson; alguien le gritó que empezara ya con la descarga, y el Maestro le respondió “la afinación es el punto de partida para el éxito”

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Rock night in Malaka town

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José Ignacio se atreve sin la Gibson en “Con la lluvia del atardecer”

En la recta final del concierto, y entre gritos de “Cero, cero”, sonaron clásicos del rock hispano como “En el laberinto”, “Esta noche” , “La noche que la luna salió tarde”,
“Zapatos de piel de caimán” o “Que fue del siglo XX”, temas con las que la gente literalmente se volvió loca; el espíritu de los 091 planeó sobre la sala, en una catarsis colectiva de nostalgia y buen gusto. Da igual que este país esté saturado de Bisbales, Bustamierdas y resto de basura; cuando Lapido retoma su pasado, la alegría de sentirte vivo y estar allí en ese momento disfrutando de su legado te desborda. No sé si E=mc2, y tengo mis dudas acerca de si dos y dos son cuatro; sólo espero que llegue la próxima vez para verle en directo, y esta vez acompañado. Esa noche será la nuestra... aunque la luna salga tarde.

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Lapido se despide con sonrisa y todo. Hasta la próxima, chicos.

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El reposo de la guerrera.

Comentarios

  1. Cvalda dice:

    Una crónica genial.
    Felicidades.

  2. magnifica cronica de fan

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